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Entonces la tomé por la cintura y suavemente la acerqué más a mí, comencé a sobar mi mejilla en la suya y con mis manos tomé ambas nalguitas para acariciarlas suavemente. Al principio lo hice sobre el calzoncito pero luego introduje mis dedos debajo de éste hasta que ellos se encontraron en la rayita que divide su colita en dos. De las simples caricias pasé a masajeárselas y luego a estrujarlas pero con suavidad, rítmicamente. La piel en esa parte era tan tierna y suave como la de sus mejillas. Mientras hacía esto, le decía al oído:
- ¡Ayyy mi princesita...estás tan suavecita y tierna....eres la más bonita de las niñas mi pequeñita!
- Siento rico.
Ante esto y mis deseos cada vez más alterados la miré y le dije:
- Mi amor, quiero probar tu cosita para ver a que sabe ¿me dejas? Acuérdate que tú ya probaste la mía.
- Bueno, si te dejo.
Comencé a bajar lentamente su calzón hasta que la pequeña hendidura se fue revelando ante mi mirada incrédula; era apenas una rayita que se perdía en la parte interior de sus piernitas. Bajé el calzón hasta la mitad de sus muslos y empujando hacia atrás la silla me arrodillé frente a ella y la observé muy de cerca, embelesado, ahora estaba ante verdadero territorio virgen. La olfateé casi rozando mi nariz en su cosita sin percibir aroma desagradable alguno, ni siquiera a pipi. Entonces le dije:
- Ven princesita, vamos a la sala.
La cargué en mis brazos y me la llevé a la sala. Le subí el vestido hasta la pancita y la senté en el sillón colocando un cojín grande en su espaldita para que estuviera más cómoda, me arrodillé sobre la alfombra y comencé a acariciarle sus piernitas. Luego le bajé el calzón por una de las piernas para dejarlo reposar todo doblado en la otra y poco a poco se las fui abriendo lo suficiente como para que su parte íntima quedara totalmente expuesta. ¡Era preciosa! Los apenas incipientes labios superiores eran gorditos, inchaditos, y en medio muy apretados apenas eran visibles los pliegues infantiles que formaban sus labios inferiores aún en desarrollo.
No sabía que hacer a continuación, decidir entre tocarla con mis dedos o probarla directamente me llevó algunos instantes. Finalmente y sintiendo el corazón al borde del infarto me coloqué en cuclillas para quedar a la altura adecuada y después, inclinándome, lancé la primera lamida a esa panochita virgen hasta entonces. ¡La sensación fue indescriptible! Siempre me ha gustado practicarle el sexo oral a mis compañeras sexuales pero nunca antes había experimentado sensación igual. ¡Qué delicia de cosita infantil! Tierna, suave como ninguna y exenta de todo vestigio sexual. ¡Un verdadero bocado de reyes! La verga ya me estorbaba bajo el pantalón así que me la saqué sin dejar mi posición y la dejé al aire chorreando de líquido pre-seminal.
Después de darle las primeras lamidas en forma vertical abrí un poco más sus piernitas, procurando no cansarla, de manera que pude lamer más profundamente dentro de su vaginita con los costados de mi lengua incansable. Las niña profería suaves gemiditos por lo que la miré y descubrí su carita sonrosada. En eso escuché con toda claridad que se abría la reja del patio exterior ¡Fernanda regresaba!
- ¡Es mi mamá!
Como loco jalé a la niña del sillón y la llevé corriendo nuevamente al comedor, le acomodé el calzón y me metí el miembro dentro del pantalón. Sentándonos nuevamente ante los libros escolares le dije al oído:
- Vamos a hacer como que no nos hemos movido de aquí ¿eh?
Ella asintió con la cabeza, asustada, mirando sus cuadernos con ojos de espanto.
- Ya vine, ¿ven como no me tardé?
- Si mi amor. Oye ¿ya podemos cenar? Tenemos mucha hambre ¿verdad Fernandita?
- Si.
Bueno nada más me lavo las manos y les caliento, no se desesperen.
Aprovechando que Fernanda fue al baño me saqué de nuevo la verga, tomé una servilleta de la mesa y me limpié el abundante líquido que me salía. La niña observaba todo con ojos sorprendidos, mitad asustada y mitad divertida, cubriendo con su pequeña mano una risita que quería escapar. Qué simpática e inocente se veía, como si todo lo que había pasado hasta entonces no le hubiera afectado en nada su mente infantil. Le di otro beso en la boca y le indiqué que guardara silencio poniendo mi dedo en la boca. Ella sonrió nuevamente asintiendo con la cabeza.
Luego que regresó Fernanda me dirigí al baño con el pretexto de lavarme las manos también. Por supuesto lo primero que hice fue masturbarme como desesperado para liberar toda la excitación acumulada, al tiempo que me relamía los labios tratando de saborear la esencia infantil antes mancillada. Ante la venida las piernas me temblaron con tal fuerza que tuve que sostenerme de la pared. Me lavé las manos y la cara y al mirarme al espejo no pude reprimir una sonrisa de satisfacción pues mis perversos sueños se estaban cumpliendo con creces."
Uffffff....que chido relato ¿no? Si quieren saber que pasó después estén pendientes de la continuación ;-)
Su amiga que los quiere,
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