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Hola a todos mis amigos ¿cómo han estado? Ya de vuelta de vacaciones me puse a revisar mis correos y encontré uno de mi amigo Alberto, quien me volvió a escribir para contarme lo que sucedió después de su primera experiencia con Fernandita, la niña de 7 años hija de su amante prostituta.

 

Aquí comparto con ustedes esta segunda parte de su relato que estoy segura les gustará tanto como el primero ;-)

 

"Al regresar de nuestro viaje de vacaciones dejé a Fernanda y su hija en su casa y yo volví a la mía. Soy divorciado y mis dos pequeños hijos viven con su madre en otro estado del país desde hace 4 años, así que vivo totalmente solo.

 

La experiencia vivida con la niña me había trastornado considerablemente, al grado que diariamente tenía que masturbarme para liberar las emociones que me provocaban el recuerdo de lo acontecido en la playa. En cada respiro que me dejaba mi trabajo en la tienda mi cerebro volvía a darle vueltas a la idea de conseguirme más tiempo a solas con la chiquilla, pero no era una labor fácil pues en cualquier cosa que se me ocurría siempre estaba la presencia de la madre.

 

Más o menos una semana después se me ocurrió una idea bastante audaz pero que si daba resultado me permitiría alcanzar mis objetivos, así que "tomé el toro por los cuernos" y me cité con Fernanda en un restaurante muy agradable que a ambos nos gustaba visitar. Después de comer pedimos unas bebidas y comencé a plantearle mi propuesta. Le expliqué, con toda la formalidad que la ocasión representaba, mi intención de vivir juntos y en forma más permanente pues a pesar de la vida que ella había llevado le tenía un cariño muy profundo, lo mismo que a su hijita. Hice hincapié en el hecho de que no era bueno que ella siguiera viviendo de aquella manera y que tarde o temprano la niña le podría reprochar ese modo de vida. Le ofrecí tanto mi casa como mi apoyo económico permanente tanto para ella como para la niña y que no sería necesario casarnos pues ambos éramos personas adultas y no necesitábamos llegar a tanto.

 

Fernanda escuchó sin decir nada, analizando cada una de mis palabras y al concluir mi propuesta ella me preguntó si estaba realmente seguro de lo que le estaba ofreciendo y las consecuencias de ello. Le contesté que estaba absolutamente seguro y que en caso de que ella aceptara eso no implicaría compromiso alguno de su parte, por lo que siempre estaría en libertad de marcharse cuando así lo quisiera sin reproches de mi parte. Luego me comentó que siempre había tenido la intención de abrir una estética de belleza y que si también estaría de acuerdo en apoyarla en ese proyecto. Por supuesto le dije que no tenía inconveniente alguno y que por el contrario me parecía una magnífica idea.

 

Dicho esto y luego de meditar por algunos instantes me miró fijamente con aquellos enormes ojos claros y finalmente aceptó. Acordamos que ellas se mudarían conmigo a la semana siguiente, lo que me daría tiempo para acondicionar un poco mi casa para que estuvieran más cómodas.

 

Un sábado fue el elegido para la mudanza aunque todo fue en realidad muy fácil ya que traían consigo mueble alguno, sólo varias maletas y algunos efectos personales como dos cajas llenas de muñecos de peluche propiedad de la niña. Fernanda por supuesto se instaló en mi habitación y para la pequeña habilité uno de los cuartos restantes pintando las paredes de rosa y con muebles especialmente escogidos para ella. Al entrar con una de sus muñecas en los brazos se puso a brincar de contenta y se arrojó a mis brazos dándome las gracias lo cual fue algo muy conmovedor. El resto del día lo pasamos acomodando sus cosas y por la noche salimos a cenar a un lugar cercano. La niña no paraba de hablar de lo bonito que era su cuarto y la casa en general y de donde y como pensaba acomodar a todos sus muñecos. Por mi parte mi mente no dejaba de pensar en otra cosa.

 

Una vez a solas en la habitación nos dedicamos a tener sexo sin restricciones y tan apasionado como si fuese la primera vez que lo hacíamos. En parte mi excitación era mayor por el hecho de que estaba cumpliendo con mi plan y la sola idea de pensar que la nena ahora compartía el mismo techo que yo me volvía loco de deseo, cosa que Fernanda pudo apreciar y recompensarme generosamente. En eso estábamos cuando percibí que la puerta se abría un poco y muy despacio y aunque no alcanzaba a ver el pequeño rostro por supuesto sabía quién era la curiosa así que me dediqué con más ímpetu a darle placer a Fernanda para que la niña lo viera todo.